Paul Intenté seguir a Marina cuando echó a correr con lágrimas en sus ojos. La sujeté por el brazo y traté de hablar con ella y pedirle que me dejara explicarle las cosas, pero cuando la miré a su hermoso rostro y vi sus lágrimas cayendo por sus mejillas, su nariz moqueando y sus mofletes ardiendo, entendí que debía darle espacio. No mucho, ella estaba herida en el alma, enfadada y yo no pensaba dejarla sola por mucho tiempo. Me di la vuelta para encarar a aquellos miserables, los máximos culpables de todo lo que acababa de pasar. No, no nos mintamos así, por mi parte yo soy el máximo responsable de no haberle contando antes a Marina la verdad, mi verdad. Fui un cobarde cuando tuve la oportunidad de sincerarme con ella. ¿Si se lo hubiera dicho antes, me habría perdonado? No se, quiero cr

