Paul Mientras nos besábamos en la playa, no paraba de pensar qué pasaría si la cogiera entre mis brazos y la llevara como una reina a mi apartamento. ¿Se enfadaría conmigo? Tal vez aún no estaba preparada para llegar a tanto ese día, demasiado es que parece que me ha perdonado, no me puedo permitir ni un fallo más, o el que se muere soy yo de la desesperación. Marina para de besarme y me separo para ver que ocurre. Me atrae otra vez hacia ella pero esta vez deposita suaves besos por toda mi mandíbula y mi cuello. —Llévame a tu habitación—. Dice mientras deposita suaves besos por todo mi cuello. Gimo con solo imaginarlo. No me lo tiene que volver a repetir, me levando de un salto y la levanto de la arena con mis brazos y nos dirigimos camino de mi apartamento. —¿Qué haces? Paul, era s

