Marina Me sentía la mujer más dichosa del mundo. No solo bailamos esa pieza tan íntimamente, sino que bailamos dos más. Estábamos bastante cansados y nos dirigimos a la zona de las mesas donde habían colocado bebidas y canapés. Sin duda habían pensado bien, porque después de tanto baile lo que más me apetecía era beber algo fresquito y un bocado de algo que me devuelva las fuerzas. Sorpresivamente los aún andaba bastante cómoda con aquellos tacones endiablados. Paul y yo nos reímos coquetamente mientras bebemos de nuestras copas, nos devoramos con los ojos. Es como si realmente los dos pensáramos en los mismo, escapar de aquella fiesta y vivir la noche los dos solos para luego terminarla en alguna de nuestras habitaciones. —Vaya, con que aquí se esconden las dos sensaciones de la noche

