DOS AÑOS ATRÁS Pasaron tres semanas. Valeria iba al café todos los días. Luca lloraba menos en las mañanas. Se había acostumbrado. Como los niños se acostumbran a todo porque no tienen opción. Y Valeria... Valeria empezaba a hablar. No mucho. Todavía con miedo. Pero pequeñas verdades se filtraban entre las mentiras. —¿Tu esposo te ayuda? —Preguntó una mamá un martes. Valeria rió. Amargo. —No. Él trabaja mucho. —Todos trabajan mucho. —Sofía. Directa como siempre—. Pero ayudar con el niño no es opcional. Es su hijo también. Silencio en la mesa. Porque todas sabían. Todas vivían versiones del mismo matrimonio. Esposos exitosos que proveían todo excepto presencia. Mujeres educadas que habían cambiado carreras por carnets de maternal. —A veces siento que... —Valeria se detuvo. Po

