DOS AÑOS ATRÁS La primera semana fue una eternidad contenida en cuatro horas diarias. Luca lloraba cada mañana. Aferrándose a ella con fuerza que lastimaba. Gritando “no, mami, no” hasta que la Miss lo arrancaba de sus brazos. Valeria regresaba al departamento después de dejarlo a Luca. Cerraba la puerta. Y el silencio la golpeaba como un puñetazo en el estómago. No había llantos. No había risas. No había el constante reclamo de “mami” que había sido su banda sonora durante un año completo. Solo el zumbido del refrigerador. El tic-tac del reloj de pared que Diego había comprado en una subasta. El ruido blanco de la ciudad que se colaba por las ventanas selladas. Limpiaba lo que ya estaba limpio. Cocinaba comidas que nadie comería. Veía series que no retenía. Esperaba las diez y med

