TRES AÑOS Y DOS MESES ATRÁS Luca lloraba a las tres de la mañana. Siempre a las tres. Como un reloj. Como una condena programada. Valeria se levantó tambaleándose. El cuerpo todavía roto del parto. Tres semanas y aún sangraba. Aún sentía que algo adentro se había desgarrado permanentemente. Caminó descalza por el departamento oscuro. Piso de madera frío bajo sus pies. Hacia la cuna donde Luca gritaba con pulmones que parecían demasiado grandes para un cuerpo tan pequeño. —Shh. —Lo levantó. Caliente. Agitado. Furioso—. Ya estoy aquí, mi amor. Se sentó en la mecedora. La que Diego había comprado. Italiana. Cara. Perfectamente ergonómica. Se desabrochó la pijama. Luca se prendió inmediatamente. Succionando con una desesperación que dolía. Que tiraba. Que recordaba que esto era real.

