CUATRO AÑOS ATRÁS El anillo llegó tres semanas después de la mudanza. Valeria estaba en el sofá. Piernas dobladas bajo el cuerpo. Una manta sobre los hombros aunque el departamento estaba perfectamente climatizado. Leía un libro que había leído tres veces sin retener una sola palabra. Diecinueve semanas reales de embarazo. Quince reconocidas oficialmente ante Diego. La curva de su vientre ya no podía esconderse bajo blusas holgadas. Era real. Innegable. Un secreto que pronto sería escándalo si no hacían algo. Diego entró del trabajo a las siete. Traje impecable. Ni una arruga. Como si las once horas en la oficina no lo hubieran tocado. —Hola. —La besó en la frente—. ¿Cómo estuvo tu día? Aburrido. Vacío. Interminable. —Tranquilo. Leí. Descansé. —Bien. —Diego dejó el maletín junto a

