TRES AÑOS Y SEIS MESES ATRÁS El vestido olía a nuevo. A tela cara y a mentiras bien planchadas. Valeria estaba parada frente al espejo del salón nupcial. Viendo su reflejo fragmentado en tres paneles que mostraban versiones de sí misma que no reconocía. La mujer del centro. Las dos de los costados. Todas extrañas. Todas prisioneras del mismo vestido blanco. Imperio. Esa era la palabra. Corte imperio para esconder lo que todos fingían no saber. Seis meses de embarazo. Veinticuatro semanas. El vientre redondo bajo el satén que caía en cascada desde el busto hasta el piso. Elegante. Discreto. Perfecto para ocultar la evidencia. Se tocó el estómago. La tela era gruesa. Suave. El tipo de suavidad que cuesta. Que compra silencio. Que esconde vergüenza. —Estás hermosa. La voz de la estilis

