PRESENTE Diego Vargas no dormía. Nunca había necesitado más de cinco horas. En la universidad, mientras sus compañeros trasnochaban con cerveza y fútbol, él estudiaba. Memorizaba jurisprudencia. Planificaba su futuro con la precisión de un cirujano. El sueño era para los débiles. Para los que no tenían ambición. Ahora, a las tres de la mañana, estaba sentado en el sillón de la habitación del hotel. El Hotel Boutique Casa del Rector. Paredes coloniales. Techos altos. Muebles antiguos que costaban más de lo que el mecánico ganaba en un año. Valeria y Luca dormían en la habitación contigua. O al menos fingían dormir. Últimamente Valeria fingía muchas cosas. La luz de su laptop iluminaba su rostro en la oscuridad. En la pantalla: una hoja de Excel. Columnas perfectamente organizadas. Fil

