PRESENTE Diego se levantó de la banca con la elegancia de quien nunca ha dudado de su lugar en el mundo. —Voy por el agua —dijo, besando la coronilla de Valeria—. ¿Quieres algo más, amor? —No. Gracias. —¿Luca? ¿Jugo o agua? —¡Jugo! —gritó el niño, levantando el camión como trofeo. Diego le revolvió el cabello con esa ternura estudiada que usaba cuando había público. Luego se enderezó, se acomodó el saco, y caminó hacia el puesto de bebidas que estaba exactamente del otro lado de la plaza. Justo donde Nicolás seguía apoyado contra la pared de la iglesia. Valeria sintió que se le cerraba la garganta. No era coincidencia. Diego nunca hacía nada por coincidencia. —Luca, quédate aquí —le dijo al niño—. No te muevas. —Sí, mami. Valeria se levantó. Sus piernas temblaban, pero caminó. D

