PRESENTE Valeria no recordaba cómo habían terminado en el hotel. Después del funeral. Después de las condolencias mecánicas. Después de ver la casa vacía de su abuela y sentir el peso de cuatro años de ausencia aplastándole el pecho. Después de tres días de evitar salir con el riesgo de cruzarse a Nicolás, fingiendo normalidad. Diego había insistido. “Necesitas descansar”, había dicho con esa voz suave que usaba cuando quería parecer considerado. “El hotel tiene mejor wifi. Puedo trabajar mientras tú descansas con Luca”. Como si descansar fuera posible en Guanajuato. Como si cada calle no susurrara el nombre de Nicolás y su romance trunco. Pero Valeria había asentido. Porque siempre asentía. Porque era más fácil que pelear. Ahora, tres días después del funeral, estaba sentada en

