CUATRO AÑOS ATRÁS Pasaron tres días. Tres días encerrada en su cuarto. Tres días de escuchar a su padre bajar las escaleras cada mañana. Tres días de fingir que dormía cuando su abuela tocaba la puerta con platos de comida que apenas probaba. Tres días mirando por la ventana esperando ver a Nicolás. Nunca lo vio. Como si él también se estuviera escondiendo del mundo. O como si el mundo se hubiera acabado y ninguno de los dos se había dado cuenta. Al tercer día, Valeria se miró en el espejo. La marca de la bofetada había desaparecido. Pero algo en sus ojos se veía diferente. Más viejo. Más cansado. Tocó su vientre. Todavía plano. Todavía guardando el secreto. Respiró hondo. Y bajó las escaleras. Su padre estaba en su estudio. Revisando documentos. Como siempre. Como si no hubi

