CUATRO AÑOS ATRÁS Valeria no bajó a desayunar. Se quedó en su cuarto con la puerta cerrada. Escuchando los pasos de su padre en el piso de abajo. El tintineo de la taza de café. El periódico desplegándose. La rutina matutina de un hombre que acababa de abofetear a su hija y dormía como si nada hubiera pasado. La mejilla todavía le ardía. Se miró en el espejo. La marca estaba ahí. Roja. En forma de cinco dedos. Evidencia de que todo lo de anoche había sido real. Tocó su vientre. Plano. Vacío en apariencia. Pero creciendo algo que cambiaría todo. Tenía que irse. Hoy. Antes de que su padre la arrastrara a esa clínica en Querétaro. Pero ¿a dónde? No tenía dinero. No tenía trabajo. La universidad había terminado hacía meses y había rechazado las ofertas de empleo porque pensaba que... q

