Bajo el mismo techo

1716 Words
Katherine Tal vez si me pellizco con ganas me despierte de esta monstruosa pesadilla. Es él, el maldito Ethan Brooks, el que una vez decidí olvidar y como un maldito demonio que lo conseguí. El mismo al que estoy acostumbrada a ver muy de vez en cuando en la televisión o en algún que otro programa de cotilleo hablando de su glamurosa vida o de si está saliendo con la modelo siliconada de turno. Cuando salí de ese edificio no encontraba un solo taxi disponible y que yo sepa no había línea de autobuses que parara ni remotamente cerca de mi casa y menos a estas horas. Con toda la poca dignidad que me quedaba a estas horas y lo destruida que estoy anímicamente, cogí mi maleta y pensé tan solo en llegar a casa. Ese estúpido idiota, tuvo que parar y casi como quien no quiere la cosa obligarme a subir al coche. ¿Quién se cree qué es? Y lo que es peor, qué se piensa que soy yo… ¿una niña? Bah. Todo se torció cuando por fin llegamos en absoluto silencio a mi antigua casa, pensando que no podía ser peor este día, pero sí, otra vez me equivocaba y vi como Ethan sacaba del maletero del coche también su maleta. Tomo el camino de piedras que lleva hasta la entrada principal –que por cierto, está asqueroso con tanta mala hierba alrededor–, y escucho el traqueteo de la maleta de Ethan. Sí, es definitivo. Me está siguiendo. Mierda, no es esto posible… ¿Cómo hemos terminado en esta situación? –Deja de asesinarme con tus miradas Katherine. Esta noche tendrás que soportarme, estoy muy cansado para buscarme otro sitio donde alojarme. No pienso decirle nada, es perder energía a lo tonto. ¡Ya sé que se va a quedar haga lo que haga! Por fin llegamos a mitad del salón. Todo estaba tal y como lo dejé. Grandes sábanas cubrían los muebles. Dios, que pereza tener que ponerme a quitar todo eso. –Que tétrico todo –Ethan mira para todos lados, se adelanta y quita de una sacudida lo que parece ser la sábana que cubre el sofá–. Bueno, por lo menos para esta noche servirá así. Le indico que primero debemos ir a nuestras habitaciones y ponernos cómodos, yo solo quiero darme una buena ducha y ponerme el pijama. Apenas me pone pegas a nada. Subimos por las escaleras directos a la primera planta donde como dijo mi padre, encontramos las tres habitaciones en bastante buen estado. Yo por supuestísimo me quedaré en la que fue mi antigua habitación y le propongo a Ethan dormir en la habitación principal de la casa, o sea la de mi padre. Me dijo que ni en sueños pensaba meterse en la misma cama donde posiblemente habían ultrajado a su madre. Tonto, no pude más que rodar los ojos asqueada porque soy muy gráfica y siempre termino imaginando cosas que no me conviene ni pensar. Dios, para mí, mi padre era un ser de luz que después del inmenso amor que sintió por mi madre, jamás y digo bien jamás, pudo volver a poner los ojos sobre otra mujer. ¡Ja! Katherine, que tonta eres… un hombre es un hombre por mucho que lo tengas idealizado en tu memoria. —Oye ¿te vas a quedar ahí parada con esa sonrisa siniestra? —mierda, Ethan estaba parado debajo del umbral de la puerta de la habitación que estaba en frente de la mía. —No. Solo pensaba en lo mierda que sois los hombres. No te preocupes que ya no tendrás que ver mi cara por más tiempo. Hasta mañana. Corta y tajante, me di media vuelta con mi maleta y entré en la habitación dejando un sonoro portazo. Suspiré apoyando mi espalda contra la puerta, me estaba costando mucho asimilar esta situación. Cómo había pasado de mi vida en un ático en plena ciudad, soltera, viviendo sola y con alguna que otra compañía de vez en cuando, a estar bajo el mismo techo que Ethan Brooks. Los dos juntos. Nunca pensé que se podría dar este monumental lío y mucho menos acabar pasando la noche juntos. No, no, cuanto más lo pienso menos me lo creo, esto debe ser un mal sueño del que seguro me despertaré mañana. Contenta y con una sonrisa de oreja a oreja, solo de pensar que mañana volveré a la normalidad, me introduzco en la enorme bañera ya preparada con aceites esenciales, para darme un baño relajante y bien calentito, mis músculos lo necesitan. Esta noche dormiré como un bebé, de eso no tengo ni la menor duda. Me demoro un poco más de lo normal masajeando mis piernas cansadas y dando suaves toques hacia arriba con mis manos para fomentar una buena circulación. Son pequeños truquis que me estaban dando en el gimnasio al que acudía un par de veces en semana. Dios, esa es otra cosa. Si me quedo el verano, necesitaré ver qué me ofrece en materia de deporte este pueblo, no sé, tal vez un gimnasio y que den alguna que otra clase de fuerza, resistencia, etc. Envuelta en la toalla, sacando ropa de la maleta y ordenándola en el armario me percato de que no he traído ni un solo pijama normal. Dios mío, en qué estaba pensando cuando metí todo esto en la maleta. Son todos de satén, negros, blancos, rosas, con puntillas en n***o y sobre todo nada discretos. ¡Mierda seca! ¿Cómo soy tan tonta? Resoplo, ya nada puedo hacer. Se me enciende la bombilla y corro a ver si queda alguna camiseta o algo de lo que usaba la antigua yo, pero no, mi padre ha dejado algún que otro uniforme escolar, vaqueros enormes y alguna chaqueta también enorme. Bueno, si me organizo bien puedo ponerme el pijama rosa satén a dos piezas con encaje n***o a medio muslo. Sí, excelente este tiene una bata a juego que por lo menos disimulo un poco. Nada, mi plan es irme a la cama y no pienso salir ahí afuera. Ya vestida y con la ropa ordenada en el armario, me dejo caer boca arriba sobre la mullida cama. Me embriago de su tacto, de su olor, esto lo recuerdo, me evoca a tiempo pasado, a vivencias en esta misma habitación. Cuando mi madre me arropaba y me contaba algún cuento antes de irme a dormir. Cuántos recuerdos felices guardo, pero también esta misma habitación fue testigo de mis lágrimas, de quizás los peores momentos de mi vida. No, no Katherine, no pienses en eso, han pasado ya muchos años desde que la perdiste. Sí, pero no deja de doler. Estoy a punto de quedarme dormida encima de la cama cuando alguien toca dos veces. —Katherine ¿estás despierta? —es Ethan, ya casi me había olvidado de él. —Sí, ¿Qué quieres? Estaba a punto de dormirme. —¿Vaya, entonces no te apetece cenar nada? —es verdad, no he cenado nada y estoy sin comer desde el medio día—. He pedido a domicilio, no había mucho donde elegir, si tienes hambre baja, no tardará en llegar. Lo escucho caminar y bajar los primeros escalones. Se ha ido y me ha dejado pensando en qué habrá pedido para cenar. ¿Pizza? No, a estas horas no creo que estén los pequeños locales de pizza abiertos. ¿a******o? Uff, con lo que me gusta el ramen… No, Katherine cómo va a pedir a******o así sin conocerte de nada sobre tus gustos. No… ¡¡Mierda!! Me acaban de rugir las tripas. Hasta que ese idiota tocó la puerta yo no tenía hambre alguna, ni siquiera se me había pasado por la cabeza. Pues nada, el lo ha querido. Bajo al salón con la bata bien prieta, que ni por asomo se le ocurra abrirse o moriré de la vergüenza. Aunque ahora que lo pienso es muy corta, demasiado. Bueno, esto es lo que hay…esto, o me pongo una cazadora oversize. No, no, eso queda descartado con el tiempo que hace. Me veo bastante decente, solo hay un pero y es que se marca mucho en el pecho y se me ve todo el canalillo. Deja poco a la imaginación la batita del demonio. Ethan está cogiendo un par de platos de la cocina, cubiertos y servilletas. Se dirige a la pequeña mesa del comedor justo donde queda el sofá, sin duda planea cenar viendo la televisión. ¡Ja! Espero no se le ocurra poner nada de deportes. Se percata que bajo el último escalón, he procurado no hacer mucho ruido, ni tan siquiera llevo zapatillas de estar por casa, me gusta mucho andar descalza no lo puedo remediar, es un mal hábito. Ethan se queda parado con los cubiertos en la mano. Me mira, traga saliva y no me dice nada. —¿Pa-pasa algo? —es lo poco que articulo a decir. Ethan mueve la cabeza rápido negando y parpadea fuerte. Deja los cubiertos, avanza y esquiva el sofá. Por un momento pensé que se tropezaría. ¿Es tonto? ¿Qué le pasa? —¡No! No pasa nada, es que… es que Katherine, no esperaba verte así. El maldito pijama. Me miro a mí misma, tampoco es que vaya tan mal o provocativa. Este hombre… —¡Oye! Voy muy decente, es que no esperaba compartir casa con ningún hombre y menos contigo. También es verdad que todos los pijamas que me traje son de este estilo. No he podido hacer más. Además, mira, llevo una bata. NO se ve nada de nada que no se deba ver. Por instinto llevo mis manos a mi pecho y los envuelvo aún más fuerte si cabe para que no se salgan ni un poquito. Ethan vuelve a tragar saliva y mi gesto hace que su mirada vuelva a detenerse en ellos. j***r, que incomodidad. ¿Le miro yo acaso a él su paquete? Ahora que lo miro detenidamente, él lleva unos pantalones negros largos y holgados de deporte con una camiseta blanca con un símbolo deportivo. Va más normal que yo, eso sin duda, pero j***r que bien le sientan los pantalones. ¡DING, DONG! Oh, llaman a la puerta.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD