Marina —¿Qué haces? Suéltame bruto —. Cuanto más me resisto más me aprieta contra él. Viendo que no será fácil controlarme, me sujeta por los antebrazos y me empuja contra la pared del baño. Estaba atrapada entre la pared y el propio cuerpo de ese energúmeno. No hacía más que intentar mirar por encima de su hombro por si había alguien más en el baño que pudiera ayudarme. No sé por qué, pero un instinto dentro de mí me hacía sentir miedo, miedo por cómo iba a reaccionar aquel hombre. —Yo a ti no te he podido olvidar, — susurró bien pegado a mi oído— ¿Por qué tú sí, Marina? ¿Me has olvidado? Su voz se quiebra con las últimas palabras y apoya su frente con la mía. Tal parece que algo de esta situación le estuviera haciendo daño de verdad. ¿Cómo puede ser tan cínico? —¿Olvidarte? ¿Cómo po

