CUATRO AÑOS ATRÁS Valeria entró a su casa a las dos de la mañana. Esperaba encontrarla a oscuras. Pero todas las luces estaban encendidas. Y su padre estaba sentado en la sala. Esperándola. El estómago se le cayó al piso. —Siéntate. No era una sugerencia. Era una orden. Del tipo que su padre había perfeccionado en treinta años de ser el hombre más temido en todas las juntas directivas de Guanajuato. Valeria se quedó parada en el umbral. Los zapatos embarrados de la caminata. El maquillaje corrido por las lágrimas. El bolso apretado contra su pecho como si pudiera proteger lo que llevaba dentro. —Dije que te sientes. Valeria se sentó. En el borde del sofá. Lista para salir corriendo si era necesario. Su padre no la miraba. Tenía la vista fija en un vaso de whisky. El hielo se habí

