CUATRO AÑOS ATRÁS Valeria encontró a Nicolás afuera de la cantina La Selva. No era casualidad. Sabía que estaría ahí. Siempre estaba ahí los viernes por la noche. Con los otros mecánicos del taller de don Roberto. Con los albañiles de la obra de la calle Juárez. Con los hombres que olían a trabajo honesto y cerveza barata. Pero esta noche, Nicolás estaba solo. Y estaba sangrando. Valeria lo vio desde la fuente. Apoyado contra la pared del bar. La camisa rasgada. El labio partido. Sangre seca bajo su nariz. Un ojo hinchado que mañana sería n***o y morado. Tenía una botella de tequila en la mano. Casi vacía. El corazón de Valeria se detuvo. Había pasado todo el día decidiendo si venía. Mirando su teléfono. Escribiendo mensajes que nunca enviaba. Sintiendo cómo algo crecía dentro de e

