Diego dijo que se irían después del mediodía. Lo dijo como se dicen las cosas que ya están decididas: sin preguntar, sin explicar, con esa economía de palabras que siempre había confundido con seguridad hasta que aprendió a leerlo mejor. Dijo que tenía que resolver unos trámites primero. Que su padre también. Que ella esperara con Luca en la plaza, que tomara un café, que se relajara. Que lo peor ya había pasado. Valeria asintió. Cargó a Luca en la cadera y salió a la mañana de Guanajuato con el estómago apretado y esa calma artificial de quien lleva horas ensayando no derrumbarse. La plaza olía a pan dulce y a buganvilias. Había turistas fotografiando los arcos. Había mujeres mayores con bolsas del mercado. Había una banda estudiantil ensayando en un rincón con la desorganización fe

