PRESENTE Valeria cerró la caja de madera donde habían estado los aretes. Todavía los sentía pesados en sus orejas. Anclas de oro que la ataban al pasado. —¿Seguimos buscando, mami? Luca ya estaba frente a otro mueble. Un escritorio antiguo con cajones que no habían sido abiertos en años. Era un escritorio de esos que pesan más que la historia que guardan. Madera maciza. Cajones hinchados por décadas de humedad. —Sí, mi amor. A ver qué más encontramos. Valeria se acercó. Uno de los cajones estaba entreabierto, como si alguien lo hubiera forzado y dejado así. Tiró del primer cajón. Resistió. Tiró más fuerte. Cedió con un chirrido. Papeles. Montones de papeles amarillentos. Recibos de luz de hacía veinte años. Facturas de una ferretería que ya no existía. Cartas en sobre sin abrir. Est

