CUATRO AÑOS ATRÁS El restaurante se llamaba El Lago. Llegaron en el Mercedes Benz oscuro de Diego conducido por su chofer. Por supuesto que tenía chofer. Una estructura imponente de concreto y cristal que parecía flotar sobre el agua negra del lago. El techo se elevaba en curvas blancas, perdiéndose en las sombras, mientras que los ventanales gigantes de piso a techo permitían que las luces de la ciudad se mezclaran con el reflejo de las velas en las mesas. No había la calidez del ladrillo o la madera; todo era mármol, vidrio y ese silencio denso que sólo el dinero puede comprar. Era el tipo de lugar donde la gente celebraba aniversarios y promesas que creían que durarían para siempre, mientras afuera, el agua del lago permanecía inmóvil, guardando los secretos de todos los que habían

