La llamada duró cuatro minutos. Nicolás salió al callejón de atrás del taller para hacerla. El frío de enero en Sigüenza era el mismo de diciembre pero más honesto. Sin la cortesía de las fiestas. Solo el frío, sin pretextos. El Beto contestó al tercer timbre. —¿Cómo está el taller? —preguntó Nicolás sin preámbulo. —Bien. Tengo dos trabajos esta semana. Un Jetta y un Pointer. —Una pausa—. ¿Cuándo vuelves? Nicolás apoyó la mano en la pared de piedra. La piedra fría. Diferente a la de Guanajuato. Diferente en el color, en la textura, en lo que guardaba. —No vuelvo. Silencio del otro lado. —¿Qué? —El taller es tuyo. —Lo dijo despacio, eligiendo—. Lo que quedó después del incendio. Las herramientas que se salvaron. El nombre si lo quieres. —Una pausa—. Consigue un notario. Yo mando lo

