El juzgado de Sigüenza olía a expediente mojado y a calefacción encendida demasiado tarde. Valeria llegó a las diez y cuarenta. Elena Cortés la esperaba en el pasillo con la carpeta bajo el brazo y esa expresión suya de quien ya sabe lo que va a pasar pero no lo dice hasta que es oficial. La miró de arriba abajo. Un segundo. Nada más. —Está bien —dijo Elena. No era pregunta. —Sí. —El abogado de Vargas presentó un escrito esta mañana a las ocho y media. —Bajó la voz sin cambiar el ritmo—. Fotos. De usted y el señor Reyes anoche en la calle. Valeria no respondió. —Las revisé. —Elena abrió la carpeta. Sacó dos hojas—. La medida cautelar establece distancia de cien metros entre el señor Reyes y el menor Luca. No entre el señor Reyes y usted. Los dos estaban solos. —Cerró la carpeta—. El

