Lágrimas de desengaño

1955 Words
¿Cómo se le ocurre invitar a una extraña justo esta noche en concreto? Llevo más de media hora sentada justo en frente de ellos. Esa mujer se le ha pegado como una lapa, se pega más y pasa su brazo por debajo del de Jan. A mi por narices se me tiene que estar notando la vena de la frente palpitando ante tal espectáculo. Beben, ríen y brindan sin parar. —¿Entonces cuándo vuelves? –Rebeca rompe el tenso silencio que reina en la mesa. —La verdad no lo sé cierto, en principio tengo planeado pasar el verano con mi padre —bebo mi margarita de un trago, la he pillado acercándose más a Jan para olerlo. Yo sé que es un hombre atractivo, que puede cautivar a cualquier mujer que se lo proponga, pero lo que no puedo entender es por qué la está dejando actuar de esta manera. Y diablos, me estoy muriendo de celos porque yo jamás lo he tocado de esa manera, ni he pasado mi brazo por entre el suyo y tampoco he sido tan evidente en público estando con más gente. Ahora que lo pienso ni tan siquiera lo he sido cuando hemos salido solos por ahí los dos. No es que tuviera miedo de que me vieran con él, ni mucho menos, pero era algo como no escrito y no dicho entre nosotros. Mierda, nos comportábamos como dos amantes que no quieren ser pillados en público. Algo se retuerce en mi estómago. —Y vosotros os conocéis del trabajo ¿no? —lanzo la pregunta a la linda parejita.+ —Sí. Llevo apenas unas semanas y Jan siempre me anda diciendo que algún día me sacaría a conocer la ciudad de noche —da un pequeño brinquito de alegría en su sillón y posa su mano encima de la rodilla de Jan. ¡Yo te juro que la mato! Respira Katherine, respira… —Bueno, no es tan así —Jan me mira nervioso—. La mayoría somos hombres en mi oficina y están todos casados, soy el único soltero y se decidió que yo le enseñaría la ciudad. O son muy listos en su trabajo, o una panda de alcahuetas tremendas. Han planificado enredar a esos dos, no tengo pruebas, pero tampoco dudas de ello. Decido que no estoy de humor para seguir hablando ni con ellos, ni con el resto. Me lanzo a la pista de baile y todos se sorprenden por lo rápido que me he levantado sin mediar palabra. Quiero alejarme de todo ese drama, porque me parece increíble que justo eligiera esta noche para invitarla. Invitarla, …joder, ahora que lo pienso la ha invitado a salir. A mí nunca me ha propuesto tal cosa. Parece que el Dj se ha percatado de mi estado de ánimo y como si se tratara de una entrada espectacular, camino lenta y sensualmente hacia el centro de la pista, contoneando mis caderas al son de la música. No tengo ni idea de qué canción es, pero es lo más sexy que he escuchado en mucho tiempo. Necesito liberarme de tanta tensión acumulada y comienzo a bailar lento, sensual. Me rodeo la cintura con mis manos, deslizo mis manos alrededor de mi cuerpo y en todo momento no he dejado de mover mis caderas al compás de la música. Noto que se ha hecho una especie de pequeño círculo a mi alrededor. No hace falta ser muy lista para saber que más pronto que tarde aparecerá algún tipo queriendo unirse a mi fiesta personal. No pasan ni tres minutos y ya tengo a un baboso delante intentando seguirme el ritmo. Lo descarto casi al momento que intenta llevar sus manos a mi cintura, no tengo ganas de líos y la verdad es que se me pasa por la cabeza usarlo para darle celos a Jan, pero me contengo, tengamos la fiesta en paz. En un segundo cambia la música y ahora como si se aliaran contra mí todos los astros, suena una canción lenta romántica, de las de bailar bien pegados. Me quedo un poco descolocada mirando a mi alrededor, no me quedará más remedio que sentarme y cuando comienzo mi vuelta hacia la mesa, ocurre lo que ya me faltaba para echar a perder la noche. Jan y Eloise llegan juntos al centro de la pista y se ponen a bailar. Él la toma por la cintura, le saca más de medio metro y ella parece una muñequita entre sus brazos, muy manejable. La muy pécora se cuelga de su cuello con sus dos manos y lo mira embobada. No sé qué se deben estar diciendo cuando los dos rompen en risas y se miran intensamente. No, no, esto no es lo que yo esperaba para esta noche –niego con la cabeza, sin percatarme de que he llamado la atención de la gente por estar parada en mitad de la pista. Salgo corriendo hacia el baño con una profunda decepción en el pecho y por qué no decirlo en el corazón. Una leve punzadita en el pecho me recuerda que esto ya lo he vivido antes. Me doy un golpe de agua en la nuca para intentar calmar mis nervios. No voy a quedarme por más tiempo esta noche, conmigo no va a jugar más. Salgo del baño un poco más relajada, pero decidida a irme a mi casa. Una fuerte mano se cierra sobre mi muñeca y me obliga a parar mi camino hacia la salida. Me empujan hacia un rincón del estrecho pasillo y ahí puedo olerlo aunque no le vea la cara con nitidez. —¿A dónde se supone que vas? —el aliento cálido de Jan golpea mi cara. —Cualquier lugar será mejor que este —sentencio con amargura y lo obligo a que me suelte con un tirón de mi brazo. —¿Se puede saber qué te pasa? —¡Tú! Tú eres lo que me pasa y no te hagas el tonto —me mira extrañado—. Has invitado a otra mujer esta noche para salir. ¿Sabes lo que eso implica? ¿Te haces una idea de lo que supone para mí? Jan me mira como si me hubiera salido un cuerno de unicornio en la frente. —No hay nada entre ella y yo, si es eso a lo que te refieres —me sujeta por los hombros y hace que lo mire a los ojos—. Nena, ¿estás celosa? Celosa, ¿yo celosa? ¿Acaso se piensa que tiene ese poder sobre mí? Mierda sí, lo tiene. Intento relajarme, respirar profundo pues perder los papeles no me va a beneficiar en nada. —Jan. Dime una cosa… llevamos saliendo o lo que sea esto, un año más o menos —asiente—. ¿Qué soy para ti? Me suelta. Me mira intensamente, entrecerrando un poco los ojos pensando posiblemente en su respuesta. —Para mi eres especial Katherine. Pensaba que eso lo tenías claro. Que bien soy especial… —Especial. ¿Especial cómo para salir conmigo cogidos de la mano ahora mismo delante de todos? ¿A qué te refieres con especial? La cara de Jan se tuerce en una mueca de horror. Tanto asco le da que todos se enteren de lo nuestro. No puedo evitarlo y aparto mi cara a punto de dejar salir las lágrimas que hace ya un buen rato que claman por desbordarse. —Nena, mírame —me levanta el mentón para que nuestros ojos conecten el uno con el otro—. Por favor no hagas un drama de todo esto. En el tiempo que llevamos juntos, nunca hemos tenido problemas con lo que somos. Pensé, pensé que no hacía falta que tuviéramos esta conversación. —¡Pues sí que hace falta! —se piensa que soy adivina o qué—. A ver, Jan, te voy a ser sincera pues ya creo que de perdidos al río y me voy a arriesgar con lo que te voy a preguntar. Intenta calmarme acariciando mi antebrazo con suaves caricias, estoy al borde del llanto. Muestra genuino interés, espera con absoluta expectación lo que sigue. —No te has planteado que ya llevamos juntos algo más de un año, … ¿nunca te has planteado que seamos algo más? —se paraliza y su tacto me abandona. —¿Algo más? Katherine… —no sé por qué, pero creo que se avecina una tormenta—, creía que entre tú y yo las cosas estaban claras. Lo pasamos bien juntos, me gusta estar contigo, pero Kath, yo no quiero algo más serio, si es eso a lo que te refieres. Los dos somos adultos, esta no es nuestra primera relación, pensé que estaba claro, que no teníamos que aclarar esto. Ha sido un disparo justo en medio de mi corazoncito. Ya no puedo detener por más tiempo las lágrimas que comienzan a caer sin control. Jan abre los brazos e intenta abalanzarse hacia mi para abrazarme, pero justo en este mismo momento ha perdido cualquier derecho que se creyera tener sobre mi. Retrocedo un paso antes de que logre alcanzarme. Frunce el ceño aún sin entender el muy zopenco lo que me está pasando. —No te acerques, ni se te ocurra tocarme. A partir de ahora ya no somos nada. —¿A qué te refieres con eso? —A que ya no seré más tu sucio secreto. Ni el tuyo, ni el de nadie. Es verdad, cuando empezamos no teníamos el por qué definirnos, el por qué llamarnos esto o lo otro, pero llevamos meses y meses y ahora quiero más, ¿entiendes? Quiero poder salir contigo cogida de la mano. Salir por ahí a cenar y no tener que irnos a la otra punta de la ciudad, como si estuviéramos escondiéndonos de alguien. Tú no tienes novia y yo tampoco tengo nada con nadie. ¿Entonces por qué no soy buena para ti? ¿por qué demonios no me has presentado nunca a nadie? ¿Te avergüenzas de mi verdad? Jan se queda estupefacto ante mi arrancada absoluta de sinceridad. Si se pensaba que soy tonta y no sabía el por qué me esconde de los demás, pues no, soy bien consciente de lo que está pasando, de lo que me ha pasado siempre. No puedo más, quiero irme de aquí y salir corriendo. No hace falta que digamos nada más. Se empieza a escuchar el nombre de mi ex algo, una mujer lo está llamando. Como si la estuviera pensando, se materializa por detrás de Jan y lo sujeta por el hombro. —Jan ¿Dónde te habías metido? Te estaba buscando. Vamos, me prometiste bailar al menos otra pieza conmigo. Me mira a mí y a ella desconcertado, como sin saber qué hacer, si dejarme ir o no. —Ve Jan, tu cita de esta noche te reclama. —Me seco como puedo las lágrimas sin que esa tonta me vea—. Por favor, despídeme de los demás, diles que no me encontraba muy bien. Ya los llamaré. Y sin que me pueda detener, me doy media vuelta y salgo corriendo del local, buscando aire limpio y libre con el que poder respirar, porque juro que estoy medio ahogándome intentando no llorar. Esta noche todo ha cambiado. Yo quería tener una noche de despedida impresionante, llevarme su recuerdo más dulce conmigo estas semanas, pero mira lo que me llevo… otra decepción. NOTA: Pobre de Katherine, no ha tenido mucha suerte en el amor que digamos. Disculpad la tardanza en actualizar, prometo ponerme al día esta semana que entra. Saludos y comentar si os está gustando la novela…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD