Superestrella

1649 Words
La vida había tratado bien a Ethan Brooks. Tenía todo lo que siempre deseó y mucho más. Fama, dinero y a cuanta mujer bonita se le cruzaba por el camino, si a él se le daba la real gana. Todo en él exudaba éxito y precisamente por eso, era el niño mimado de los periódicos sensacionalistas del país. Imagínate, un jugador famoso de los Angeles Chargers, que aparte de guapo les daba carnaza día sí y día también con la que abrir sus portadas sensacionalistas. Eran míticas las juergas y correrías de Ethan con una pequeña y selecta cuadrilla de jugadores que salían por las noches a los más selectos y exclusivos clubs nocturnos de la ciudad. Fiestas, mujeres y coches de alta gama no faltaban nunca en ninguna de las fiestas que organizaba alguno de los muchos jugadores que, atraídos por la fama, al final caían en todos estos excesos. Era domingo por la mañana y Ethan llevaba desaparecido desde el Viernes por la tarde, sin duda se debería de encontrar enredado con alguna mujer, la cosa es saber dónde exactamente. Curtis había escuchado a varios jugadores hablar sobre una fiesta en casa del nuevo y más joven m*****o del equipo, sin duda ese chaval quería llamar la atención de sus compañeros y se estaba estrenando por la puerta grande. A Curtis le costó muy poco encontrar la fastuosa mansión y en cuanto nombró que era el Manager de Brooks, se le abrieron todas las puertas hasta la suite privada donde se supone estaba su amigo ajeno a todo y con el teléfono apagado. Se prometió a sí mismo tomarlo del pescuezo y acabar con su sufrimiento, siempre tenía que ir detrás de él. No siempre había sido así, al principio claro que le gustaban las fiestas, a los dos les gustaban maldita sea, pero eso fue al principio. Luego poco a poco y conforme Ethan cumplía años, se fue asentando un poco más. La vida le obligó a sentar cabeza porque en una de esas fiestas se le ocurrió medio borracho liarse con una de las animadoras del equipo y todos saben que eso siempre es una mala idea. Esas chicas en su mayoría solo buscaban liarse con uno de los jugadores mientras fueran jóvenes y bonitas, quedarse embarazadas y vivir por siempre de la pensión. Eso ya le había pasado a más de uno a lo largo de la historia, pero Ethan se descuidó y esa noche no usó condón, o ella no se lo dejó usar, vete tú a saber, estaba bastante bebido, pero bueno a lo hecho pecho. Nueve meses después nació el que fue su primer y único hijo hasta el momento, Nathaniel Brooks, un niño tremendamente adorable que lo enamoró desde el primer momento en que lo vio. Su madre era otro cantar. Ethan sentó cabeza por su hijo, dejó las fiestas, las malas compañías y se centró en intentar fundar una familia con aquella mujer y su hijo. Nunca consiguió amarla, lo más que llegaron fue a medio tolerarse. ¿Qué más se podía esperar de dos desconocidos que solo tuvieron un hijo de rebote? Ethan dio todo de si, puso mucho esfuerzo y voluntad en que la madre de su hijo lo tuviera todo, todo lo que ella pedía o necesitaba, él se esforzaba al máximo para dárselo. La casa que ella quiso, coches de alta gama, hasta incluso les pagó la hipoteca a los padres de Maxime, sí, ese era su nombre. Nada, nada fue suficiente y hace apenas unos seis meses, la madre de su hijo los abandonó a los dos, según las malas lenguas por un tipo mucho más mayor que ella, pero podrido en billetes. Curtis empujó las dos puertas que daban acceso a la habitación principal y entró como una exhalación, imparable. Al fondo, casi pegado al enorme ventanal había un Jacuzzi enorme donde su amigo se encontraba de espaldas con los dos brazos abiertos rodeando el borde del Jacuzzi. Ethan no se sobresaltó y flexionando su cuello hacia atrás miró a su amigo. —Curtis, que gusto verte, pero me temo que no llegas en buen momento amigo. Una sonrisita de medio lado lo delató y mientras avanzaba por toda la habitación vio lo que parecían dos cabezas emergiendo de la entrepierna de su amigo. Se quitaron restos de agua de la cara y sin ningún pudor volvieron a bajar a seguir con el trabajo que le estaban haciendo a Ethan bajo el agua. —¿Es en serio? Llevo buscándote todo el día y tienes apagado el teléfono —gritó Curtis. —¿Y cuál es la prisa? Maldito, casi no podía ni hablar del tremendo placer que le estaban dando sus dos acompañantes. Curtis no lo podía juzgar porque a él también le hubiera gustado estar en ese situación, pero era su mánager y tenía que cuidar de él. También era amigo de ese pedazo de zopenco. —La prisa es que mañana a primerísima hora tienes la vista con el juez de familia, el mismo que valorará tu petición de custodia absoluta sobre tu hijo. Mierda, termina lo que estás haciendo y te quiero en menos de veinte minutos en mi coche. Nathaniel tenía apenas seis años y sus padres estaban luchando por la custodia. Bueno, más bien Ethan la denunció por abandono de hogar y de su hijo, con lo cual esperaban que el juez le otorgara la custodia a él, pero en estos casos nunca se sabe y para colmo estaba el señor de fiesta, tenía que mantener un perfil bajo y mira por donde este fin de semana tenía que ser la dichosa fiesta. En veinte minutos Ethan se subió al coche y salieron a toda prisa de la propiedad, dios no quiera que se encontraran con algún periodista camuflado y le sacara una foto a Brooks. En los últimos seis años su comportamiento había sido intachable, pero estaba pasando por un mal momento desde que esa mujer los abandonó. —Sabes, no te entiendo. Tu no la quieres ¿a qué viene todo este drama Ethan? —preguntó Curtis sin quitar ojo de la carretera. —Mierda Cur, llevo seis años portándome bien. Es la jodida primera vez en tantos años que me invitan a una fiesta de estas características… yo también quiero pasármelo bien, hace años que no lo hago y para ser justos, a ti también te encantan. —¡Madura! Eres el puto mejor jugador de todo el equipo ¿Sabes lo que darían por una foto tuya saliendo o entrando de esa casa? Y ya no te digo nada si mañana sale una de esas mujerzuelas hablando en televisión, contando que le ha limpiado el sable a Ethan Brooks en un Jacuzzi. Ethan rodó los ojos ante el dramatismo de su amigo, pero muy en el fondo sabía que tenía razón. A él lo invitaban a todas esas fiestas tan solo porque era famoso, el puto jugador más famoso de todos en el equipo, su presencia vale mucho en esas fiestas. —Llevas razón Curtis, en esto llevas toda la razón. Solo quería distraerme un poco y no lo pensé con claridad. Curtis asintió y condujeron en total silencio hasta la mansión de Ethan. Cuando entraron todo parecía estar en orden y en silencio. No se escuchaba ruido por la casa, por lo que Ethan supuso que su pequeño se debía encontrar en el jardín. Y justo dio en el clavo cuando salió al inmenso jardín y su hijo jugaba con la pelota. Ethan no pudo evitar una sonrisa burlona, pensando en que a su criatura le gustaba el Soccer en vez del fútbol americano. Irónico, pero cien por cien real. Su nana era de origen mexicano y sus compañeritos del cole en su mayoría adoraban el Soccer, así que su hijo aprendió antes a llevar un balón entre las piernas, que a hablar. Y ese era otro problema del que no sabía cómo ocuparse, su hijo tartamudeaba. Desde que aprendió a hablar, algo raro había en él, alargaba las palabras, trastabillaba con ciertas consonantes y poco a poco se fueron dando cuenta de que algo raro pasaba. Ethan no escatimó en logopedas y médicos, pero consensuaron que nada médico le pasaba al niño, que le dieran un poco de tiempo. Ethan se lo daba, pero no así su madre la cual le gritaba cuando se atoraba con alguna palabra o lo insultaba. Ethan había tenido muchas discusiones con ella al respecto, hasta que un día se cansó y tuvieron tal discusión que ella se marchó. Ethan pensó que era por la dichosa discusión, pero no, ella ya tenía otros planes con su amante y él solo había logrado acelerarlos con la pelea. —Ethan, he pensado que después del juicio sería recomendable que te alejes de todo esto. —¿A qué te refieres Cur? —Os hace falta un poco de desconexión a los dos —Ethan enarcó una ceja aún sin entender a qué se refería su amigo—. Piénsalo, tú necesitas alejarte de todo este mundo, has estado los últimos diez años al pie del cañón y apenas has descansado. Tu hijo por otro lado, sabemos que necesita relajarse de todo lo que ha sufrido por culpa del abandono de su madre. Ethan lo sopesó. En serio le dio valor a las palabras de su mejor amigo, sabía que le salían del corazón y pensaba lo mismo que él. —Hace unos meses que pensaba tomarme un descanso, seguramente este verano aprovechando las vacaciones del equipo. Mi madre ha estado un poco pesada con que quiere ver a su nieto. —¡Perfecto! Vuelves a casa y así te puedo acompañar… Curtis le dio una sonora palmetada en la espalda a Ethan. Si su díscolo amigo se esperaba que se iba a librar de él, estaba muy equivocado.
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