¿Qué?

1620 Words
Mi tío tenía toda la razón del mundo. Los días siguientes llamé a mi padre y hablamos más de lo normal por teléfono. No sé si es que antes del aviso no me percataba bien de las cosas o que soy algo tonta y no me fijo en los detalles hasta que son muy evidentes a mis ojos. Papá estaba raro, cuando le dije que posiblemente en unas pocas semanas me iría a pasar el verano al pueblo con él, empezó como a balbucear y a ponerse muy nervioso. Me dijo que nada raro le pasaba, pero que le había tomado por sorpresa mi decisión. Días después volvimos a hablar y me di cuenta de que trataba de persuadirme de la idea de pasar tanto tiempo allí, que si el tiempo daba subidas de polen —desde cuándo me importa a mi el polen si yo no soy alérgica—, que si en los últimos tiempos había subido la delincuencia en toda la región… Yo la verdad que no me lo podía creer, me estaba pintando aquello como si fuera el peor suburbio de New York. —Papá ¿Hay algo que no me hayas contado? —¿Yo? ¿Por qué dices eso? —me responde con otra pregunta. Definitivamente aquí estaba pasando algo y tengo que averiguarlo… —Párate a escucharte por un momento, tal parece que no quieres que vaya a pasar un tiempo contigo. Siempre me dices que no paro por casa y ahora que te digo que voy a ir, y que además iré para una temporada, noto que me lo quieres quitar de la cabeza. Silencio. Me dio una sarta de excusas baratas que ni por un momento me las creí todas. Me dijo que la casa estaba para darle una pequeña reforma, lo cual es cierto, que yo sepa no se había tocado nada desde que mis padres se casaron. No sé, aquí hay gato encerrado y ahora nada ni nadie me parará para averiguar qué demonios estaba pasando. Termino de cerrar todos mis asuntos pendientes en mi negocio y me paso un rato por el taller de costura para dar los últimos detalles a mi jefa de taller, cómo quiero que vaya encauzado todo el trabajo a las próximas semanas. Tenemos múltiples encargos de tiendas que por primera vez confían en mi firma para abastecer sus tiendas de ropa plus size para todos los cuerpos. Le doy las instrucciones pertinentes a mi ayudante en el taller, sobre todo quiero calidad en las telas y ver cómo van los diseños de la nueva temporada que, si no pasa nada, después de verano las haré desfilar en las mejores pasarelas de Europa. Por la tarde ya por fin en casa, mientras hago la maleta y recojo unas cosas de última hora para mi viaje de vuelta a mi pueblo, me entra una llamada de unas amigas invitándome a tomar unas copas. Salgo de vez en cuando con un reducido grupito de amistades que hice en mi etapa universitaria y aún seguimos saliendo de vez en cuando. Parte de las chicas terminaron incorporando a sus parejas al grupo y viceversa. Rebeca y Samuel estaban casados y eran padres de una hermosísima niña de cuatro añitos. Son con los que más solía salir, y como no, con Jan. Se fue mimetizando con mi grupo de amigos, ellos me lo presentaron, y ni cabe decir que estoy encantadísima con él. Esta noche he optado por ponerme algo sencillo, ya que solo será tomar un par de copas. Me ajusto un revelador top n***o sin tirantes, con una falda roja coral, corta de gasa plisada. ¡Dios, me encanta! Mi mente no puede dejar de pensar en Jan y en pasar mi última noche en la ciudad con él. Se me dibuja una sonrisa maléfica solo de pensar en la cara que pondrá cuando me vea. Soy mala, sí, lo sé. Años y años de desengaños amorosos me han hecho un poco ser así. El primer año de universidad conocí al que fue mi primer novio, bueno, y el primero en todo la verdad sea dicha, pero al cabo de un año cuando yo decidí tomar otro rumbo académico, él no dudo ni un solo momento en dejarme atrás y romper nuestra relación con la excusa de que él no podría mantener una relación a distancia. Idiota, eso ya lo sabía yo, pero lo que no me esperaba fue enterarme de que ya me tenía una sustituta en menos de un mes. Después de aquello salí con varios tipos, yo aún era demasiado inocente, absurda y esperaba más de lo que me podían ofrecer aquellos imberbes. Con el paso de los años me volví menos ingenua y pude ver claro el patrón que se repetía en todos ellos. Yo era buena para pasarlo bien, divertirse y calentar sus camas, pero poco más. Casi todas mis relaciones se acababan al año más o menos y no rompíamos por cuernos o cosas así, sino más bien porque yo demandaba dar un paso más. Al principio me sentía culpable, me echaba toda la culpa, pero no, sencillamente yo no era adecuada para una relación seria. De todos esos hombres —que tampoco fueron tantos—, tan solo dos llegaron a presentarme a su grupo de amistades. La prueba misma la tengo justo frente a mis narices ahora mismo. Jan y yo nos conocimos hace poco más de un año y no hemos podido quitarnos las manos de encima desde entonces, pero ni tan siquiera nuestro reducido grupo de amigos conoce o sospecha sobre nuestra relación o lo que sea esto que nos traemos entre manos. Demonios, puedo decir sin lugar a dudas que me atrae un montón, que me vuelve loca la mayor parte del tiempo y no solo es en la cama, no, no, también me desarma en el día a día cuando me manda mensajes cariñosos, los detalles o cuando salimos por ahí juntos al cine o a cenar… Todo me da indicaciones de que yo no soy una más, algo pasajero para él, pero nunca da el paso y siento que llegados a este punto demando algo más. Es mejor que despeje estos pensamientos negativos, esta noche es mi última noche con él en mucho tiempo y quiero disfrutarla al máximo con él y mis amigos. Les advertí que mi plan era madrugar para tomar el avión rumbo a mi casa lo más temprano posible. Jan por su parte me dijo que iría por su cuenta y que nos veríamos en el local, que se le había hecho un poco tarde en el trabajo. Como siempre la bolsa estaba por lo visto en momentos tensos debido a los últimos movimientos geopolíticos. Me rio mientras termino de delinear mis labios en un tono berenjena, me han quedado magníficos, sublimes. Me miro al espejo y reconozco un buen trabajo de maquillaje. Ojos delineados y sombreados en un smokey en tonos marrones y oscuros. Rubor a juego con la falda que llevo esta noche y un contorno muy suave me termina por dar el toque mágico a mis facciones. Pago y bajo del taxi que me acaba de dejar justo a las puertas del club. Es ya de noche y empieza la gente a hacer cola para entrar. Yo me la salto, me saludan los porteros y la gente no puede evitar lanzarme miradas desdeñosas como sin poder creerse que dejen entrar, así como así a alguien como yo. Sí, ya estaba muy acostumbrada a esas miradas de superioridad y desprecio, pero aquí estoy yo para bajarlos de su pedestal. Eran comunes en nuestro grupo las reuniones en ciertos locales de la ciudad y ya me conocían en todos. Me adentro en la oscuridad y empiezo a escuchar la música. Me dirijo a la zona donde puedo distinguir a mis amigos. Puedo ver que ya han llegado todos y me estaban esperando a mí. No me gusta llegar tarde, pero es lo que hay esta vez, he llevado un día de perros dejando todo listo en el trabajo y en casa para poder irme tranquila unas semanas. Veo a Rebeca y a su marido juntos y a otra pareja que conocimos hace relativamente poco y que ha pasado a formar parte de nosotros porque son bastante divertidos y siempre han demostrado tener buena vibra. Pero a mi todo eso no me importa, a lo único que puedo mirar es a esos ojos que se han clavado en mi persona desde el primer momento que entré en la sala. El fuego en los ojos de Jan es evidente. No puede quitar sus ojos de encima de mí y me siguen mientras saludo con un beso al resto de amigos. Cuando llego a él le doy un beso en la mejilla, que uy, ha quedado casi rozando la comisura de sus labios. Él intensifica el encuentro llevando su mano a mi espalda y acercándome un poco a su cuerpo. Me huele, se deleita en un suspiro justo en la curvatura de mi cuello. Es todo tan evidente que no sé cómo aún nadie se ha percatado de lo nuestro. Me quiere devorar y lo sé… Nos separamos y ahora mis ojos se posan en… ¿Quién demonios es esta mujer? Una pelirroja impresionante está sentada justo al lado de Jan y no nos ha quitado ojo en todo momento. Su rostro no me inspira confianza. —Katherine, déjame que te presente a Eloise. Es nueva en mi empresa y he pensado en invitarla a salir esta noche con nosotros —la tipa me mira con desprecio y ni se digna a levantarse a saludar… ¿Qué? ¿Qué cojones es esto?
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