Algo no está bien

1554 Words
Katherine Se me han hecho eternas estas horas. Mi mayor aliado esta mañana ha sido un buen analgésico, me estaba matando el dolor de cabeza, sin duda alguna por pasarme gran parte de la noche llorando y dando muchas vueltas en mi cabecita. No puedo apartar el recuerdo de anoche. De Jan asegurando que nunca me ha considerado otra cosa que alguien con quien pasarlo bien. Hace como media hora que estoy montada en el avión, ya por fin camino a casa y de vez en cuando voy dándole un ojo al teléfono, pero nada, ni un mensaje, ni una llamada… ¡nada! Yo sé que desde un principio éramos lo que éramos, dos personas que estaban solas y sin hacer daño a nadie, querían pasarlo bien. Y así era, no me quejo, han sido unos meses muy buenos mientras duró. En estos últimos días al saberme en mi pueblo por semanas, empecé a pensar en Jan de otra manera. Anhelaba su presencia y estar la mayor parte del tiempo con él, por eso mismo pensé que deberíamos darnos el beneficio de la duda con nuestra relación, que tal vez podríamos llegar a ser algo más. Todo se ha ido a la basura, ahora ni amigos, ni amantes, ni nada. Esto es lo malo de liarte con un amigo, que ya no puedes volver a verlo de otra forma y mucho menos como amigo. Trago saliva porque tengo la boca súper seca del calor que hace en el avión. Son casi siete horitas de vuelo, con un trasbordo en Dallas hasta el aeropuerto de Huntsville y luego me esperan horas y horas de ponerme al día con mi padre mientras nos tomamos un buen chocolate calentito. En definitiva, que aún me queda mucho día por delante y estoy realmente agotada. Reventada. menos mal que cargué en mi ipad un par de revistas de moda que hacía tiempo que les quería echar un vistazo, por lo menos se me haría un poquito más ameno el viaje viendo las nuevas tendencias de moda de cara al otoño. Dios mio, cómo se adelantan tanto, si apenas comenzamos el verano. Ojeo y paso rápido las páginas que no me interesan. Como siempre, la moda de los 80 amenaza con volver…¿alguna vez se fue del todo? Eso me recuerda que planeo usar hombreras descomunales para mis nuevos diseños. Lo que me interesa lo voy recortando y pegando en otro documento, añado mis anotaciones y con el lápiz hago pequeños retoques según yo me los voy mejorando. —Shh… Oye muchacha, ve más despacio —una voz de señora bien rasgada. De ese tipo que te dice que seguro ha fumado en algún punto de su vida. Giro la cabeza hacia mi derecha y ahí la tengo, a una adorable señora metida bien en sus sesenta, pelo caoba bien cardado y con un estilo al vestir indiscutible. Toda una señorona, vamos. —¿Disculpe me hablaba a mí? —¡Claro! A quién sino —mira a su lado donde no hay nadie—. Lo que haces me gusta mucho, pero vas muy rápido, no he podido terminar de leer ese increíble artículo sobre la nueva tendencia de abrigos hasta los tobillos. Que horrible, nunca me gustó esa tendencia. A todo esto me quedo un poco anonadada, esa señora me estaba cotilleando lo que leo, así sin vergüenza ninguna. Debe ser verdad lo que se comenta que cuanto más mayores se hacen, se hacen más descaradas. —Siento fastidiarle la lectura, pero yo en parte estoy trabajando y no leo por ocio. Bueno, … me gusta lo que leo, pero en parte es trabajo, para que me entienda. Además, si quiere cuando termine se lo dejo y lee tranquila. —Oh, por dios. ¿Eres escritora o algo de moda? —No, no, soy diseñadora de modas, más concretamente de ropa para mujeres con curvas. Bueno, en realidad diseño para todas, pero mi público es mayormente mujeres con cuerpos reales. Sí, ese sería un buen término. La mujer se me queda mirando casi con la boca medio abierta y entonces empieza a bajar su mirada y fijarse más en lo que llevo puesto. Esta mañana salí de casa con lo primero que pillé, bastante tenía yo ya con ducharme y obligarme a desayunar algo del mal cuerpo que se me quedó anoche. Me sentí un pelín juzgada la verdad. —¿Y también modelas? Discúlpame que sea tan directa, es que tienes un cuerpo increíble. —Ahora sí que me ha dejado descolocada del todo—. Una mujer así como tú, es la que busco yo para mi hijo. Una mujer bonita, bien cuidada, estilosa y encima con un buen trabajo, nada más y nada menos que diseñadora de modas. ¡Ay por favor, dime que vas a Huntsville! ¿Qué hago le digo que sí o me invento algo? Esta mujer me da un poco de miedo, ya me está emparejando con su hijo y todo. Mi vestimenta le ha dado lo mismo por lo que veo y en sus ojos hay hasta un brillo malévolo, debe estar pensando hasta en nuestra boda y todo. —Sí, soy de Huntsville y voy a pasar las vacaciones con mi padre. La mujer se presentó como Alice Dorought —de qué demonios me sonaba a mí ese apellido—. Fue una gran compañía durante las largas horas de viaje, e incluso en el trasbordo comimos juntas en un área de servicio cercana. La pobre me comentó que hacía tiempo que no viajaba a su pueblo natal, pero que recientemente su madre falleció y tenía que arreglar todo lo relacionado con el testamento. Sin duda lo que saqué en claro de aquella conversación es que a ella no le hacía mucha gracia volver a ver a ciertos familiares. Su hijo se ocupaba del negocio familiar por lo que entendí, estaba ella demasiado ilusionada en presentármelo. Yo por mi parte le fui sincera, entre nosotras ya había surgido algo, casi una pequeña amistad se podría decir. Le comenté muy por encima que salía de una relación amorosa algo rara y que necesitaba un tiempo, que no quería líos por el momento con ningún hombre. Alice me entendió a la perfección. Despotricamos de los hombres en general y en definitiva llegué a la conclusión que a una a veces la vida le da sorpresas cuando menos se las espera y conocer a Alice creo que me traerá alegrías. Nos despedimos justo al salir del pequeño aeropuerto de Huntsville. Yo tomé un taxi y a ella la estaban esperando unos parientes, nos juramos que nos llamaríamos para quedar a comer, un café o lo que se tercie. Era adorable, pienso tomarle la palabra y seguro quedaremos un día. Yo por mi parte no le había dicho a nadie que volvía justamente hoy a casa, quería que fuera una sorpresa y verle la cara a mi padre, seguro se quedará estupefacto cuando me vea, llevamos meses sin vernos y estoy muy ilusionada por volver a mi hogar. Mañana que esté un poco más despejada llamaré a Lynn y Robin, estoy deseando verlas y darles un fuerte abrazo de oso. Durante todo el trayecto a mi casa no puedo evitar que se me escape alguna que otra sonrisa pensando en todo lo que tengo que hacer, en toda la gente que quiero visitar. He agendado una visita al hospital donde trabajaba mi madre. Mira que han pasado años y ellas no se olvidan de mi, siempre hay una felicitación para mi cumpleaños, o un detalle bonito como el día de mi graduación que me regalaron un precioso ramo de flores. Nunca me han abandonado y pienso hacerles una visita. Pensar en mi madre me encoge un poco el corazón, son ya muchos años sin ella y siento que la sigo necesitando… No, no puedo ponerme triste, no, no quiero. Ya comenzando a anochecer el taxi me deja justo en frente de la enorme casona de estilo tradicional sureño, sin duda le hace falta una mano de pintura, mi padre no mintió en eso. Hay varias maderas rotas del zaguán y las plantas han vivido momentos mejores sin duda. Mientras avanzo hacia la puerta despotricando por lo abandonado que lo tiene todo mi padre, me percato de que no veo luz en el interior. Tal parece que no está papá en casa, debe haber salido. Mierda, yo quería darle una sorpresa y así no se va a poder. Esto ya me parece excesivo, es que ni la luz del porche ha dejado prendida. Ni modo, saco mis llaves del bolso estoy demasiado cansada para llamarlo o irlo a buscar esté donde esté a estas horas. Esa es otra pregunta que me tendrá que responder. ¿Dónde demonios estaba? Entro en casa resoplando, porque no doy crédito que mi padre no esté en casa a estas horas, debería estar preparando la cena con algo de música que le gusta a él de fondo para ambientar, así es como el cocinaba siempre. Prendo el interruptor de la luz y lo que se vislumbra ante mi me deja callada de golpe. Como una estatua en el sitio, suelto las maletas. Una de ellas retumba contra el suelo. No me lo puedo creer. No, no es posible…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD